Testimonios

Llevo en España ocho años. Vine a esta tierra por una decisión repentina, sin pensar lo que dejaba atrás; madre, hermanas y un hijo, por seguir un supuesto cambio de vida, “un sueño”. Pero al llegar a esta tierra me pregunté ¿Qué hago aquí? ¿A qué he venido? Y en ese momento clamé y dije: ¡Dios mío ayúdame! pues no le hallaba el sentido a nada, sin embargo su respuesta llegaría tiempo después.
Jamás me podría haber imaginado que el Señor me llevaría a un lugar en donde me mostraría maravillas, y pondría en mi camino unos padres del alma con su mismo espíritu, quienes me guiarían, me procesarían y a través de ello cambiaría mi vida y ni yo misma me reconocería.

El testimonio que tengo en mi vida es que Dios es real, es verdadero y cumple aquello que promete. De las muchas maravillas que puedo contar que el Padre ha hecho en mi vida, uno de ellos es este: Me quedé sin trabajo, y me ofrecieron para sustituirle a una persona en un empleo durante quince días, y orando me encomendé al Padre; lo dejé todo en sus manos, pues estaba confiada que Él obraría. En el transcurso de esos quince días ya me llamaron para un trabajo fijo, en el cual he podido además arreglar mis papeles de residencia que por tanto tiempo he luchado por conseguir, pero que con mis propias fuerzas no pude lograr.

Dios bendice doblemente y bajo la guía de unos padres, de unos pastores, quienes nos ayudan a encaminar nuestras vidas. Y estas letras escritas también son un testimonio, pues el ordenador que por tanto tiempo quise y que por tanto tiempo también me negaron mis antiguos jefes, pues yo no contaba con la disponibilidad económica para hacerlo, pero a través de la confirmación de la palabra de unos padres quienes me dijeron que era el tiempo, pude obtenerlo, pues estaba destinado a cumplir con un propósito; ponerlo al servicio de la iglesia.

“Dios es bueno y maravilloso siempre y cuando nos entregamos a Él en cuerpo, alma, y espíritu”

Lidia , http://info@maimalaga.es

Desde el momento en que Dios nos llamó, lo hizo sobrenaturalmente, moviendo estructuras, levantando circunstancias que ante los ojos naturales serían considerados como adversidades de las cuales resulta casi imposible volver a levantarse, pero también entendemos que esta fue la única manera que el Señor encontró para que nos convirtiéramos y nos entregáramos a Él y hoy cuando miramos atrás no podemos hacer otra cosa más que agradecer, pues cada situación que atravesamos fue planeado por Dios para conducirnos a ese único punto de conocer su diseño y su visión perfecta y pasamos de ser un matrimonio que, aunque ante los ojos del mundo era perfecto, en la realidad nuestros caminos se separaban cada vez más, a ser un matrimonio restaurado, ordenado, y sanado a través de la palabra y los consejos de unos padres del alma, pero por sobre todo un matrimonio instaurado para cumplir un propósito en la tierra.

Desde el momento en que llegamos al diseño, el Padre no deja de sorprendernos. Cada día vemos su manifestación sobrenatural y poderosa sobre nuestras vidas y nos sentimos respaldados y seguros en Él. Uno de los testimonios que podemos compartir, entre tantos que el Señor ha obrado, es cómo obtuvimos la tarjeta de residencia, sin cumplir con los requisitos establecidos por el sistema.

A los tres meses de llegar al país nació una de mis hijas y fuimos a reconocerla al registro civil, con la firme creencia que le sería entregada la nacionalidad por haber nacido en territorio español, pero al acercarse mi esposo a la persona encargada recibió una rotunda negativa, manifestándole que era imposible pues nosotros no contábamos con ninguna documentación legal y que si los padres eran extranjeros el niño adquiere la nacionalidad de la madre y ante la insistencia de mi esposo el hombre prácticamente lo echa del lugar.

Luego, ya resignados con la situación, mi esposo llama al pastor y le comenta lo que nos habían dicho y éste le declara que volviera a irse, pero que hablara con otra persona, pues así como Dios habla a través de un hombre, el diablo también lo hace. Mi esposo fue a esta otra persona y su respuesta ya fue totalmente otra; le dio una esperanza de abrir un expediente y ya dependería de lo que determinara un juez, cuando le habían dicho que ¡era imposible!

Antes de cumplirse el plazo determinado, mi niña ya tenía la nacionalidad española. Todos quedaron sorprendidos. La misma abogada que gestionó nuestros papeles expresó que ella no conocía un sólo caso en que esto hubiera ocurrido y que a ella habían acudido miles de personas y a través de esto nosotros también pudimos obtener la residencia con menos de un año de permanecer en el país.

Todo esto es sólo una pequeña manifestación de cómo el enemigo siempre querrá traer desánimo y dudas pero el peso de la palabra de un padre en el mundo espiritual siempre se evidenciará en el mundo natural si nos dejamos direccionar y por sobre todo demuestra la supremacía de la voluntad de Dios por sobre cualquier ley del sistema.

Mirna , http://info@maimalaga.es